Sostuve el remolino de mi piel, acechando el impulso de mis manos
Encontrando un refugio, antes de ser
El que implica, ante el dolor del Amor, sutil reclamo
Y no supe más, que
hacer
Desprovista de la fuerza en tu mandato
Siendo vos, un hombre
y, yo mujer
Reencontrándonos, en,
el principio
del relato
Habrá que ver, sin
ver,
Y sentir, si
realmente es un legado
Yo manejo la dulzura
del querer
Tú, la fuerza, que el ionizo bien te ha dado…
María Verónica García