Cada vez que mis
dedos se a agrupan en el centro,
No es que se esconden,
según los habituales
métodos….
Ellos acuden al lugar
donde se encuentra la pulcritud del
nacimiento,
Y vuelven a partir,
desplegados de fortuna en ese momento oportuna…
Ellos son, como las estrellas, cada pico y condición apuntando al que lo mira
y en su función
Vigilan hasta la última gota servida de sensación divina o, hambruna..
El apetito devorador por el cual funciona la vida
Con detenimiento de a ratos
La razón y cuando
nadie se une al increíble pero certero relato
Por la tristeza de no
poner su boca en otros labios
O rozar una idea que
dé vuelo a los hallazgos virtuosos sentidos
Habiendo sido el motivo
de cada sueño intentado
Queda él, sin ser mostrado y
comienza a trazar su huida…
Hasta donde el alma
con cuerpo es servil a un mundo que
ignora la sensatez de la virtud, la
palabra y la maravilla que encierra el amor...
María Verónica García
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