Aromados ramilletes de luna y
un letargo de la voz amada y taciturna
Mis tristezas arrancas
Me iluminas…
Así, como…
Las
barbas de la noche en los colgantes jardines
Donde duermen las estrellas…
Se enmarañan como
gotas en pequeñas centellas
Bañando hechizos…
Dueñas de los misterios
de las magias de los verbos delirantes incisos
Del Amor
Alguna vez te han traído
hasta tus propias lágrimas
Cielo y materia!
Desvisten las
arrodilladas hojas del pan
Se transforman como
nosotros en las noches de pasión
Ahora espigas rojas!
Mañana las mismas, desvainadas sin sus hojas
Amasadas en las manos del amor
Saciando el hambre sintiendo
en la piel fatigada, solo paz…
Como en cada noche nuestra, donde luciérnagas
amarillas, ríen en todos los colores
como fuegos de artificio..
Sosiego, tremor
del vino dulce que solo duerme al dolor
Y, en el olor semeja las harinas
tamizadas
De las caricias más codiciadas,
arrasando los sentidos, aire calor
Hasta un helado frio,
guerra sondeando las delicias que han bebido de nuestros cuerpos,
Solo el
dulzor de las semillas
Ahora plantadas en la más extraordinaria y urdida siembra
El ombligo, tu ombligo!
Cráter perfecto para
responder al mío, como una vaina dorada
Que se estira dándote
la verdad, aseveración de la libertad
Y aunque yo, sienta que eres solo mío
Ella de mi te soltará
Para que vuelvas más
fuerte
Cada una de las
noches
Como un puente donde
el abismo es tan solo un segundo ante la otra orilla
Cada vez, la fuerza aumentara
Porque ese hilo hacia ti está unido desde antes que nacieras, desde antes que naciese
Nada de originalidad.
Pero si, la fuerza extraordinaria
El único camino de
gloria, que sabrá beber a la eternidad…
María verónica García