Se acercó mostrándome, solo una,
de sus tantas, máscaras…
Y creyó que, con ello,
era suficiente
Ingenua, con, mi corazón, valiente
Me enamoré de, él, sin decir
por mucho tiempo, Basta..
Sin desear, bucear
en otros sentidos, me dejé llevar y, absorbí
su voz
A veces creí, palpar
cada uno, de sus latidos
Y presentí que, el de mí, de la misma forma, se enamoró…
Fuerte y flexible, como una espiga de trigo
La fuerza invencible, se postergó, se apaciguó..
En esas horas, de puro
vacío…
Flotaron muchas máscaras, aunque, el Amor, jamás Murió…
Segura estoy, que el
Amor es, de quien Ama
Todavía no existe una ley esclavizada, que dé, por acordado, el mismo valor a, dos enamorados
Por eso, cuando
recuerdo estar, en ese estado
Festejo en su danza
Me nutro al penetrarla
Me fundo con su fuego
En el grito, de
sondeo, antes que llegue el inevitable, sosiego, como balanza…
Me elevo y veo, rojo
de pasión al, único heredero, de esa creación…
Quien puede sentir con otra piel?
Quien, hablar con
la misma lengua?
Quien, resaltar, en un énfasis agudo, cada imaginado, sonido, de perdón
Por extinguir una palabra,
que de tanta emoción, se, quiebra
O, besar en un
inacabable sueño, con los ojos y el alma, dormidos?..
En los huecos del silencio, gritar, Amor
Mío!... entre, lustrosas piedras…
Lleno, de saber, que ese profundo hilo, quede, sin tregua
Al sondear su
extrema e, infinita, irrompible,
fuerza
Hasta, hacer crecer, dos corazones, en un
mismo, Nido…
María Verónica García
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