No importa, si, las
centellas abrazan los cielos
Si, la mansedumbre hambrienta y perezosa del
pecado, entra por el filo de la puerta
Si los pasos del gigante,
azota, los techos…
Convirtiéndose en
importante, como si fuese, El Gran
Secreto…
Porque siempre habrá una
azul mariposa
Enredada entre las
flores de algún eco
Donde Dioses desperezados
Y ángeles encantados
Perciben la belleza,
Ilustres y alborotados
En ella, se manifiestan…
Esbozando un beso
Como el que no te di
Y te daré, en algún otro, espacio…
Así de fuerte, como la miel se estruja en las patas de las
abejas
Como el licor resulta
ser manjar, extraído de una lengua
Y serán las noches y
los días, sin engaños
El sabor más dulce, sentara, en la piel
Y la música, rodeara, nuestra sien
Aúlla, gime, ríete,
grita, que los rincones sienten la brisa
Lo único importante
es quien lo dice y, porque…
Tú me entiendes…
Fuiste el retorno del
Amor
Quien encendió, la chispa
El mesías, redentor
El plato de palabras,
a la hora de soñar
El velo que cubría mi
cara, al momento, de rezar…
Ahora sos la única guirnalda
que reina sobre mis manos, donde en la noche,
haces de, presente Luz, en este lugar…
Me elevas y te pronuncias, como
si fueses una boca, convertida, en, el, Mayor
Altar…
María Verónica García
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