Como El latir de las
manos del orfebre
Armando un hueco
celeste…
Sobre mares azules y
verdes, de agua cristalina
Los corales lo ciñen
ante los espejos del cielo que se reclina
Acomodando las nubes
de tal cristal, transparente opalina
Con o sin aves
Con o sin días
Solo cielo inclinado o arriba de los parpados húmedos,
mojados…
El mar de agua para
ungir de frescor y proveer alegría
La alegría es
necesaria…
Para un descanso
aunque sea imaginario
Es posible besarnos
noche y día
Los besos nos tragan,
nos envuelven, nos desarman
Y Nuestro cuerpo
titila…
Esta vez con espera
de esperanza…
Un poco de risa…
En nuestras bocas y
más tarde nos bebemos
Sin la vista en el
horizonte
Intercambio de
miradas ojos con ojos dadas…
Las mareas de mi piel
hierven…
Torrentes de pensamientos
creadores me tejen me destejen y yo extasiada me entrego a ti…
Como El libar de las
desenfrenadas abejas
Mostrando sus mieles, ante la entrega del estambre y su néctar
En su
juego magistral, como parte del infinito
ritual, despues absorberla…
En el crujir de la
fiebre
De las palabras
cimarrones
Allí me envuelvas…
Susurro de poemas de cerca y de lejos…
Me aprietas, hasta quedar mi aire, colgado en alguna estrella con la boca abierta..
Tanta entrega
encerrada en un sobre ocre, por tanta ida y vuelta…
Tendrá por lo menos
el sonar de un redoble
Al escuchar tu voz,
sentir tu perfume… cuando cada paso del día y de nuestras vidas… estén más cerca…
María Verónica García
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